jueves, 23 de julio de 2009

¡Feliz cumpleaños papá!

Don Aníbal en 1952 con mi prima Aury, mi primo Alex y mi tía Marina

El segundo nombre de don Aníbal era Santiago. Esto, porque nació el 23 de julio de 1928, cerca del día de Santiago (el 25 de julio) el cual es el patrón de la Fúlgida Villa de Tejutla, cuna de la familia Ruiz Mérida.

A don Aníbal nunca le gustó celebrar su cumpleaños. Desde que era yo pequeño recuerdo su pleito con el día de su cumpleaños y su disgusto cuando se intentaba celebrar. Finalmente yo, al menos, dejé de intentar de celebrar su cumpleaños después de 1981, cuando murió mi abuelita Fide. La abuelita murió el 22 de julio y la enterramos el día 23 - el día del cumpleaños número 53 de don Aníbal.

Por muchos años después de eso, yo no le mencioné a mi papá su cumpleaños pero trataba de darle un buen regalo para el día del padre, que era un mes antes, más o menos.

Cada quien con sus peculiaridades. Hoy me la he pasado pensando en don Aníbal y quisiera desearle un muy ¡feliz cumpleaños!


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domingo, 1 de marzo de 2009

La importancia de la constancia

Gracuación de la Escuela de Comercio - 13 de octubre de 1957. Don Aníbal es el tercero desde la izquierda.

Cuando escribí "Hace un año" se me pasó mencionar una cualidad de don Aníbal, que sí lo hice durante su funeral. Esa cualidad es la constancia.

Don Aníbal prácticó la constancia en muchos sentidos. Trabajó muchos años en la Contraloría de Cuentas, una institución que puede hoy sufrir algún descrédito pero en la que el honró su puesto. Fue constante en su amor y solidaridad con su familia, su pueblo, sus amigos y, por supuesto, su amor y cortejo de doña Ethel, con quién estuvo casado por 48 años.

En palabras de mi mamá, cuando le preguntamos por qué le hizo caso a mi papá, ella dice "Es que era muy insistente... "

Mi papá vino a Guatemala ciudad alrededor de 1947 (la fecha exacta se las debo, mi queridísima tía Alice me la dirá pronto...) Tenía, por tanto, unos 19 años. En Tejutla estudió la escuela primaria hasta el 5° año pero no había posibilidad de cursar el 6° y terminar la primaria. Así que al terminar el 5° se dedicó a trabajar, en Tejutla y otros pueblos de San Marcos. Mi tío Chuz (don Jesús Ruiz, también muy cariñosamente recordado), quien era el mayor de los 9 hermanos, le ofreció su casa y apoyo. Don Aníbal se aplicó a trabajar y estudiar el 6° año en jornada nocturna. Cuando lo terminó, ingresó a la Escuela Normal, estudió los básicos y luego pasó a la Escuela de Comercio a estudiar contabilidad. Todo esto, trabajando de día y atendiendo sus estudios en jornada nocturna.

El 13 de octubre de 1957 se graduó de Perito Contador. Abajo está la invitación:



Cuando fue su graduación, don Aníbal ya había conocido a doña Ethel y la había convencido de que fuera su novia. Doña Ethel, quien era entonces una esbelta patoja de 20 años, fue la invitada de honor a la celebración de la graduación, para la cual don Aníbal solicitó su colaboración a la tía Alice, esposa de mi tío Chuz, con quienes todavía vivía. Mi mamá dice que le costó que le dieran permiso pero mi papá fue (constante) insistente y allí conoció a la familia, mis tíos y mi abuelita Fide.

Desafortunadamente, mi papá no siguió estudios universitarios, probablemente porque en su familia nadie era graduado universitario y se dedicó a seguir trabajando y a la vida familiar. Pero, digo yo, ¿cuánta gente se conforma con lo que tenía en su pueblo y se queda con eso? Don Aníbal vino a trabajar y estudiar por la noche - y se graduó de perito contador. Llegó a ser uno de los contralores "senior" (creo que le inventaron el puesto, de hecho) en la Contraloría de Cuentas y fue jefe del departamento financiero del INTA, en los años 70.

Una lección para los hijos, nietos y sobrinos: la constancia y la perseverancia en el deber.


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martes, 27 de enero de 2009

El Batimóvil

Foto de http://www.allbatman.com Haga click en la foto para ir al sitio.


Don Aníbal siempre decía que él no se acordaba de ningún precio de cosas que hubiera comprado. Mis hermanos y yo le decíamos "¿cuánto te costó la escopeta, la caña de pescar, etc.?" y su respuesta siempre era "No me acuerdo". Excepto cuando le preguntábamos "¿Cuánto te costó el Batimóvil?" y la respuesta estaba en la punta de su lengua.

Cuando mis hermanos y yo éramos pequeños, allá por 1966 (hace muchísimo tiempo para la mayoría de los guatemaltecos actuales), uno de nuestros programas favoritos era "Batman". ¡No nos perdíamos una! Imaginen nuestra emoción cuando, en medio del show (que lo pasaban en Canal 3) "La Juguetería", famosa tienda de ese tiempo ubicada en la 6a. avenida entre 9a. y 10a. calles, anunció ¡que tenían el Batimóbil en exclusiva! ¡Que lo fuéramos a ver a su tienda de la 6a. avenida!

Por supuesto, yo comencé a hacer campaña por el Batimóvil y mi pobre padre me soportó... hasta el final del mes. (Típico de don Aníbal: "Vamos a ver a fin de mes...") Así que una tarde fuímos, después de su trabajo, a la 6a. avenida y efectivamente, ¡tenían un mostrador completo dedicado al Batimóvil! O así me acuerdo... yo tendría unos cinco años.

La primera decepción fue el tamaño del bendito carrito. El anuncio de la televisión nos dió la impresión de que era un juguete grande pero, este modelo de Corgi que aparece en la foto medía unos 15 cm (es en escala 1/43, realmente pequeño). La segunda decepción fue el precio. ¡Pues cuando mi papá preguntó cuánto costaba el dichoso vehículo casi se desmaya del susto! Pero en fin, no puedo decir que no fuí un hijo querido y consentido porque regresamos con el susodicho vehículo a la casa y mi papá fue a darle a mi mamá la mala noticia del terrible golpe al presupuesto familiar.

No fué el último batimóvil que tuvimos mis hermanos y yo pero sí el que más recuerdos nos dejó. Ya no existe, hace mucho tiempo pero nunca se le olvidó a mi papá el precio: ¡Cinco quetzales!

Menos mal que Ríos Montt no inventó el IVA sino hasta unos 16 años después...


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domingo, 18 de enero de 2009

Comentarios sobre la cajita de los recuerdos

La cajita de don Aníbal ha generado algunos comentarios interesantes, que me han también refrescado la memoria sobre cosas que yo ya había olvidado.

Para comenzar, mi primo Héctor, el doctor, me dijo "Ah, esa cajita yo la conozco. Aníbal siempre la andaba cargando y guardaba allí sus cosas de afeitar. Y sé dónde la compró, en el almacén de Domingo Alterio".

No mucha gente se recuerda del almacén de Domingo Alterio o de los Alterios, pero sí existió y estoy averiguando dónde estaba. Eso quiere decir que la cajita sí costó Q5.65, lo cual era una fortuna en ese tiempo si se considera que pagaba el sueldo de una empleada doméstica por un mes y hoy ganan más de Q1,000...

La cajita tiene la marca Seaforth! for men y en la parte de abajo indica "Alfred D. McKelvy Co. New York". La compañía del Sr. McKelvy comercializaba implementos para afeitarse y cosas así, de los cuales uno de los más populares era el tazón para afeitarse, como en la foto de abajo. Mi papá tenía un tazoncito parecido pero era de Old Spice.




Mi primo Víctor Hugo me escribió, a propósito de la foto de don Aníbal, que esa foto probablemente fue tomada en el apartamento de sus papás y los muebles éstán todavía en la casa de mi tía Olguita, en la zona 2. El radio, una esquina del cual se insinúa en la foto, lo compró don Beli en 1938 y luego tuvo que pedir una licencia al Ministerio de la Defensa (entonces se llamaba Ministerio de la Guerra). Víctor Hugo me mandó también unas lindas fotos del album de recuerdos de mi tía Olguita.

Hay y habrá más comentarios así como más fotos y recuerdos que publicar. Pero han llegado tantos juntos que se requieren varias notas más del blog... tiempo quiere la vida.


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domingo, 4 de enero de 2009

La cajita de los recuerdos de don Aníbal


Pobrecita mi mamá. Ahora que estoy entusiasmado con escribir esta columna, le he llegado a registrar sus fotos y a alborotar sus cosas.
Pero me encontré esta cajita, que tiene muchas fotos y algunas otras cositas que valdrá la pena publicar de vez en cuando.
Parece que la cajita era de alguna loción y, definitivamente, no es un empaque moderno puesto que es de cartón grueso y forrado por dentro y fuera. Es el tipo de empaque en que uno esperaría hoy encontrar un reloj fino (un Rolex ó un Portillo-Vacheron qué era?) y no una loción "after shave". De paso, hay un precio en la parte posterior - 5.65. Supongo que pesos mexicanos porque en quetzales de los años 50, eso era una pequeña fortuna.
Mi papá hablaba de alguien que era tan flaco pero tan flaco que tenía que pasar dos veces para hacer sombra. Probablemente hablaba por experiencia como lo demuestra esta foto, fechada 24 de diciembre de 1954 - don Aníbal tenía 26 años.



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martes, 30 de diciembre de 2008

11 avenida 4-40 zona 1


Esta es la Guatemala de los recuerdos donde ahora mora don Aníbal. La 11 avenida de la zona 1, entre 4a. y 5a. calles, donde vivía mi abuelita Mama Oli, es el escenario de esta nota. Antes del terremoto del '76, si alguien se dirigía a la dirección indicada, encontraba una casa antigua con un rótulo de Coca-Cola indicando la Tienda La Providencia, el negocio de Mama Oli que floreció y le dió prosperidad por más de 30 años.

No sé si haya fotos de la fachada de la casa de Mama Oli pero esta foto se tomó justo al lado del "zaguán", que era la entrada de servicio. Como buena casa de principios de siglo, había una entrada principal, que daba a la sala, grande y de techo alto, que era utilizada como negocio por Mama Oli. Al lado, un corredor ancho que daba a una puerta con arco. Ese era el zaguán, cuyo propósito se me hacía misterioso cuando era pequeño, porque era demasiado estrecho para un carro y muy ancho para pasillo.

Al fondo se ve el atrio de la Merced, cuando no tenía ningún enrejado para evitar la proliferación de ventas callejeras. Impresionantemente, se ven dos o tres cuadras sin un sólo carro. Ya quisiéramos tener tanta tranquilidad en el centro en estos días.

El carro de la foto era un Chrysler, línea indeterminada y de alrededor del año 1956. Era un carro grande y cómodo, de un color gris ratón con techo blanco, combinación de colores que lo hacía pasar inadvertido en ese tiempo. La dama frente al carro es mi mamá, doña Ethel, luciendo su esbelta figura veinteañera para el lente de don Aníbal.

La foto la tomó él. Tiene una anotación en la parte trasera indicando la exposición (1/100 s), la apertura del lente (11) y la distancia (10 m). En los años 50s y 60s, mi papá era un ávido fotógrafo y sus notas me indican que esta foto, más que un retrato de doña Ethel, era probablemente una prueba.

No hay anotación de fecha pero me imagino que se tomó alrededor de 1960. Para entonces, ya don Aníbal había convencido al amor de su vida de casarse con él, porque el Chrysler, en realidad el primer carro de mi papá, ya era un miembro de la familia.

Mi papá se graduó de moto a carro cuando la Contraloría de Cuentas le asignó un Jeep. De esa cuenta, la Hörer, que él apodaba "la Hocicona" no vió ya mucho uso y finalmente la vendió en perfecto estado. Alrededor de la época en que mis papás se casaron, mi papá se hizo de este carro, que lo compró usado y nos llevó a todos hasta que murió, de un desbielamiento, alrededor de 1966, a la madura edad de 10 ó 11 años.


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martes, 23 de diciembre de 2008

Aníbal y Aníbal



Mi papá debe haber comenzado a cazar cuando tenía unos 8 ó 10 años. El área alrededor de Tejutla en San Marcos debe haber sido una selva virgen en los años 30 y había muchos animalitos qué cazar: ardillas y conejos, tepezcuintles, etc. Mi papá consiguió una escopeta, quién sabe dónde, y con ella cazaba ardillas y conejos para que la abuelita los cocinara. La escopeta era de carga frontal, con pólvora y municiones y una mecha... lástima que ya no existe.

Hasta los 1970s mi papá siguió cazando. En algún momento se graduó a un Remington 30-30 y lo cambió luego por otro que no le salió tan bueno como esperaba. Ese es el que aparece en la foto que acompaña esta nota.

También tenía una escopeta calibre 12, "pajera", marca Ithaca. Ambos, la escopeta y el rifle los vendió a un vecino, que supongo los tiene todavía. La Ithaca aparentemente era muy codiciada.

Ese día (29 de marzo de 1964, según la anotación en la foto) estábamos en la granja de mi abuelita Olivia. La "Granja Goya" quedaba en la remota localidad de San José Villanueva, muy lejos de la ciudad y en medio del vivo monte, en esa época. Mama Oli, la suegra de don Aníbal, debe haber comprado la propiedad alrededor de 1961, cuando yo nací, y pasó algunos años mejorándola. Cuando esta foto fue tomada, no había ningún cultivo en especial, sólo milpa y entre la milpa mi papá me puso a posar con un pájaro que había cazado, haciendo como que yo era el cazador.



Por supuesto, siendo yo muy obediente, posé para la foto pero no pude evitar hacer un gesto de desagrado porque no me gustaba el tal pájaro. Lo interesante es que esa toma de la foto es clara en mis recuerdos pese a que no había aún cumplido los 3 años. Probablemente es mi recuerdo más antiguo.

Mi papá debe haber pensado que al crecer yo sería su compañero de cacería pero como tantas cosas que pensamos y planeamos en nuestra vida, eso no fué así. Nunca me interesó la cacería ni las actividades al aire libre y mi papá dejó esas actividades en los 1970s, aunque no sé exactamente por qué.

Pero la foto quedó para el recuerdo y la comparto hoy con ustedes.


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