martes, 2 de enero de 2018

Don Aníbal en México


Noviembre de 1952
A principios de noviembre de 1952, en medio de la tal llamada “primavera democrática” de Guatemala bajo el gobierno del “canchote” Jacobo Arbenz, don Aníbal se presentó a solicitar “visa de salida del país”, para dirigirse a México. Salió el 12 de noviembre y volvió a ingresar el 29 del mismo mes, luego de solicitar “visa de entrada al país” en el consulado de Guatemala en el DF.

Esto lo se porque tengo el pasaporte que utilizó don Aníbal para ese viaje. Hay unas fotos en la cajita de los recuerdos donde aparece él con su cuñada la querida tía “Alice gordita” como él siempre le decía, muy elegante ella con sus zapatitos de tacón y un suéter. (Foto a publicar pronto). Alguna vez él mencionó ese viaje pero lo interesante es la foto que coloqué al inicio de esta entrada. Allí está don Anìbal, a sus 24 años y tal vez pesando unas 120 libras, era muy delgado. Ya tenia algunos años de trabajar en la capital y como buen soltero “playboy” que era le gustaba vestir bien. Y se ve bien en la foto, con su saco de cierre traslapado, sus pantalones con paletones, que le gustaba usar y su cuidadoso corte de cabello.

Así que en ese viaje iba don Anibal, la tía Alice y algunas personas más que no reconozco. Un lindo recuerdo de mas de diez años antes de que yo naciera, nos quedaron las fotos para recordar cariñosamente a don Aníbal.


Texto y fotografías bajo licencia Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 3.0 Guatemala

miércoles, 22 de noviembre de 2017

10 años no son nada



Llega un momento en la vida en que se sorprende uno de echar una mirada atrás y pensar que eventos que fueron tan importantes para uno mismo o para el mundo, a veces, se recuerdan con tanta claridad y ocurrieron (¡horror de horrores!) hace 40 años… o 50 años… ¿Cómo y cuando me volví tan viejo si me sigo sintiendo como cuando tenía 25…?
Así sucede cuando veo el calendario y veo que ya hace 10 años que no disfruto la compañía de don Aníbal. 10 años que pasaron como un suspiro y que, sin embargo, contienen tantas experiencias y recuerdos nuevos, de cosas que quisiera haber compartido con él, de logros que quise haber comentado con él… pero que tuve que contentarme con pensar que le hubieran gustado o le hubieran agradado.
Y tal vez eso es la mejor parte de guardar el recuerdo de un ser querido, el pensar que uno puede hacer y lograr cosas que a esa persona le hubieran agradado. Es como tener una brújula, un compás moral que le ayuda a uno a mantenerse en el camino correcto siguiendo los buenos ejemplos, aunque esos ejemplos sean nada más recuerdos de una persona que ya no está con nosotros.
Y como he dicho siempre, aunque hubo cosas no tan buenas hay muchas cosas ejemplares que se pueden aprender de la vida de don Aníbal. Sigo admirando su frugalidad, el haber sido feliz con tan poco y comparo a veces con la desesperante cantidad de cachivaches que tenemos aquí y allá y en todas partes. Siento que nuestra vida debería ser más sencilla y más fácil. Don Aníbal lo logró y viviendo en esa sencillez él era feliz.
También es recuerdo agradable y fuente de inspiración su gran amor por la familia. Su adoración por “su reina” como siempre le dijo a mi mamá, su cariño y devoción a sus hermanos y su mamá, a sus sobrinos y a sus nietos.
Y pasan los años y me sigo sorprendiendo de las cosas que descubro de mi papá, que no sabía. Como la foto que acompaña a este post. Ni idea que mi papá había participado de esa actividad hasta que descubrí que un primo me había enviado el recorte hace ya algunos años… y casualmente cuando pasó la mayor parte del tiempo en Honduras y me han hablado de la gran tragedia que fue el huracán Fifí. Y yo me acuerdo de ese huracán… hace cuarenta y tantos años… Diez años no son nada.
Así que mi recuerdo cariñoso y mi saludo hasta la Guatemala del recuerdo donde ahora mora don Aníbal. Algún día seremos nosotros también habitantes de ese lugar mítico y solo podemos esperar que los recuerdos que dejemos atrás sean tan buenos como los que dejó don Aníbal. Siempre cariñosamente recordado.
Texto y fotografías bajo licencia Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 3.0 Guatemala

domingo, 12 de mayo de 2013

Don Aníbal y la astronomía





Ese librito, maltratado y amarillento que recogí de la casa de mis papás hará unas cuantas semanas es la "Astronomía, Nueva edición revisada y puesta al día" originalmente de don José Comas Solá, revisión de don Federico Armenter de Monasterio, Editorial Ramón Sopena, Barcelona, España 1960.

Baste con decir que ambos son distinguidos astrónomos españoles. Lo importante es que el mencionado libro pertenecía a don Aníbal. Recuerdo ese librito desde que yo era pequeño; tenía un sobre-forro que ya se perdió hace tiempo, con una linda pintura del reconocido pintor Chesley Bonestell, famoso artista de la era del espacio. Quién sabe cuándo lo compró don Anibal; el libro tiene una etiqueta de "Tuncho" (aún no era "Tuncho Granados") y tiene, al menos, 50 años de estar en la familia. Un tesoro para mí.

Mi papá siempre fue aficionado de la astronomía y le fascinaba ver el cielo y las estrellas. Se sabía los nombres de las principales constelaciones y siempre localizaba los planetas, cosa que siempre le envidié porque yo no soy bueno para eso (tal vez no le he puesto la atención que él le puso). Siempre tuvo ilusión de tener un telescopio, lo cual por una razón u otra nunca se le cumplió. En los últimos años de su vida, yo tuve la intención de comprar un telescopio reflector con montura electrónica de al menos 10 pulgadas para él pero, también, por una razón y otra pospuse la compra hasta que fue demasiado tarde. Quizás algún día lo compre en homenaje a él.

La astronomía fue uno de tantos intereses de mi papá, quien tenía una aguda inteligencia y una sana curiosidad científica. Recuerdo que cuando yo era pequeño él me hablaba de cualquier cosa que yo le preguntara, con mucha propiedad. De él aprendí mi amor por los libros y heredé esa curiosidad, que hoy no me deja de meter en problemas.

Hoy que don Aníbal y mi hermanito ya no están conmigo me consuelo al mirar al cielo y pensar que tal vez ellos son ahora un par de estrellas más en el cielo de la Guatemala del ayer.

Nota: Encontré esta imagen de Bonestell (Saturno desde Titán) que se parece mucho a la que recuerdo que estaba en el forro original de la Astronomía de don José Comas Solá. Esta imagen se encuentra en el blog The Golden Age (thegoldenagesite.blogspot.com)



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domingo, 4 de noviembre de 2012

Mi papá lo llamaba Nunito



Mi papá lo llamaba Nunito

Este fue el pensamiento que prevalecía en mi mente durante esta semana que vimos partir a mi hermanito. Mi otro hermano y yo comentábamos nuestros recuerdos de niños; Santiago siempre fue ese niñito pequeño y enfermizo, con mucha dificultad para respirar por el asma, pero con unos ojos grandes y luminosos y una sonrisa fácil. Qué irónico que nuestros últimos recuerdos de él son los mismos, la misma dificultad para respirar, los mismos ojos expresivos y su sonrisa cuando nos veía llegar.

Mi papá lo llamaba Nunito

Llegó sigilosamente - mi mamá no supo que estaba embarazada sino hasta los seis meses, no me pregunten cómo, y luego nació rápidamente, sólo tres meses después. Yo tenía tres años, mi otro hermano tenía uno y no podíamos pronunciar su nombre "Edmundo" así que decíamos "Nuno". Y Nuno le quedó, si no para nosotros, que siempre le dijimos Edmundo, sí para mis primos que hasta la fecha preguntan por "Nuno".

Mi papá lo llamaba Nunito

Mi hermano tenía un gran corazón. No solo era muy generoso, siempre lo fue desde pequeño, sino que físicamente su corazón era grande y fuerte. A pesar de no haber sido deportista de pequeño, ya adulto se aplicó al ejercicio y llegó incluso a certificarse como personal trainer en un viaje que hizo a California con ese propósito. Corrió la maratón de San Silvestre varias veces y el haber sufrido tanto el asma durante sus primeros años le desarrolló una gran resistencia al dolor, lo cual compartía con los grandes atletas, que no se dejan vencer por el dolor. Esa fortaleza física le ayudó en sus últimos años, en esa lucha contra esa enfermedad insidiosa y traidora.

Mi papá lo llamaba Nunito

Mi hermano compartía con mi papá el nombre Santiago y también una gran semejanza física. Y, al igual que mi papá, el legado de mi hermano no fue de títulos, riquezas y propiedades sino de afecto, solidaridad, amistad y cariño. Todos lo recordaremos por su buena disposición a servir y ayudar, su entusiasmo y su compañerismo. Hoy, que no lo tenemos, agradecemos la compañía y el cariño de sus amigos y compañeros, que no lo olvidarán y que igual que nosotros, su familia, siempre lo llevarán en su mente y en su corazón; el recuerdo feliz del buen amigo, del entusiasta trabajador y el paño de lágrimas de muchos de nosotros, para quienes siempre estuvo listo y dispuesto.

Y mi papá, lo llamaba Nunito

Texto y fotografías bajo licencia Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 3.0 Guatemala

martes, 31 de enero de 2012

Las galletas Cameo de don Aníbal


En el tiempo que duraron nuestras aventuras en el territorio de los Estados Unidos denominado Puerto Rico, tuvimos la fortuna de tener la visita de don Aníbal un par de veces. En alguna de esas visitas, ocurrió el descubrimiento de las galletas Cameo, las cuales se convirtieron inmediatamente en un snack favorito de la familia, especialmente de don Aníbal.

En lo sucesivo, don Aníbal llevaba en su equipaje de vuelta a casa un par de paquetes de las mencionadas galletas Cameo y le gustaba compartirlas con mis hijos, quienes eran felices comiendo las galletas favoritas del abuelito. Como no las hemos (hasta la fecha) visto en Guatemala, también acarréabamos con las galletas "para el abuelito" cada vez que viajábamos a los Estados y las galletitas siempre eran bienvenidas con una sonrisa por don Aníbal.

Ayer fuí al supermercado aquí en San Pedro Sula y para mi sorpresa, me encontré las galletas Cameo. Teníamos más de 2 años de no encontrarlas en ninguna parte y pensábamos que no las hacían ya. Pero no es así, allí están todavía y los nietos recordarán las galletas favoritas del abuelito.

Dos años de no ver las Cameo. Cuatro años de extrañar a don Aníbal. Muy cariñosamente recordado.

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sábado, 24 de julio de 2010

El cumpleaños de don Aníbal

Ayer, 23 de julio, fue el cumpleaños número 82 de don Aníbal.

Como todos los años, seguramente todos nos acordamos y no mencionamos mucho el asunto; mi esposa me dijo en la tarde "hoy es el cumpleaños de tu papá" y yo le contesté "sí, he estado pensando en eso todo el día". Pero pasó el día y no escribí nada porque no encontraba el material que quería escribir (... y no lo encontré). Cosas curiosas de la mente, en el proceso me acordé de estas fotos...

Don Aníbal, dirigiéndose a la concurrencia. Salón Municipal de Tejutla, 22 de julio de 1996.

Como probablemente lo mencioné ya en este espacio, a mi papá no le gustaba celebrar su cumpleaños. Nunca le gustó y definitivamente no lo celebró después de tener que enterrar a la abuelita Fide precisamente en esa fecha.

Don Aníbal, recorriendo Tejutla durante las celebraciones de las fiestas de Santiago. 22 de julio de 1996.

Sin embargo, durante algunos años después de su retiro de la Contraloría de Cuentas, mi papá celebró su cumpleaños, a su manera, muy original. Se iba a Tejutla durante la semana de su cumpleaños, la cual coincide con las fiestas patronales del pueblo, dedicadas al apóstol Santiago (por algo don Aníbal era Aníbal Santiago). Como hijo de una recordada y distinguida pobladora de Tejutla (la abuelita Fide) y miembro prominente de la Asociación Tejutleca, no le hacía falta ni compañía ni actividades durante esos días.

En la elección de la Flor de Begonia, reina de la feria de Tejutla. 23 de julio de 1997. ¿Quién dice que no celebraba su cumpleaños?

Y después de su muerte me encontré estas fotos que hoy comparto con ustedes. ¡Feliz cumpleaños Papá!

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domingo, 9 de mayo de 2010

Mi papá y la lámpara de Aladino


Imagen de Aladino y la lámpara - del Proyecto Gutenberg

Cuando mis hermanos y yo éramos pequeños (yo tendría tal vez unos 6 ó 7 años) mi papá nos dijo que nos iba a leer Las mil y una noches. Durante varios meses llegaba a nuestra habitación, ya nosotros en la cama y nos leía un cuento del mencionado libro, el cual era una edición antiquísima!

Así, le oímos leer sobre el ave Rok, Simbad, el sabio sultán Harún-al-Raschid, Alí Babá y, por supuesto, la fascinante y seductora Scheherezade. (Mis disculpas si alguno de los nombres no está bien escrito - hoy no estoy corroborando esta ortografía... ) Recuerdos fascinantes de mi niñez y un legado increíble que mi papá me dejó. No solo esa experiencia nos unió mucho a él, quizá fue la razón de mi larga pasión amorosa con la lectura, la que perdura hasta hoy en grado de tremendo vicio. Y cuando nació el primer nieto de mi papá, yo también le conté cuentos antes de dormir durante varios años, lo cual formó un vínculo maravilloso y perdurable entre los dos.

Y también me quedé arruinado para siempre, con el conocimiento real de las historias: Alí Babá no era un ladrón, como la gente normalmente dice (ya lo defendí en uno de mis blogposts) y la película de Disney sobre Aladino no tiene nada que ver con la historia original. ¡No se parece pero ni de lejos!

Pero en fin - lo interesante de todo esto es que en los últimos años de la vida de mi papá, yo le repetía que él era el legítimo dueño de la lámpara de Aladino. Resulta que en la verdadera historia de las mil y una noches, Aladino era capaz de invocar al genio de la lámpara, entre otras razones, porque era el séptimo hijo de un séptimo hijo. Y don Aníbal era el séptimo hijo de don Honorio y doña Fidelia, quien a su vez era el séptimo hijo de don Herculano y doña Rosita, según don Aníbal mismo afirmaba.

Yo estoy seguro que en la Guatemala de los recuerdos donde ahora mora don Aníbal él tiene su genio que le concede todos sus deseos, habiendo sido recordado por su hijo de su insólita herencia - ser el séptimo hijo de un séptimo hijo!

Texto bajo licencia Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 3.0 Guatemala