domingo, 18 de septiembre de 2022

Los dichos de mi papá

 

Don Aníbal en algún momento de los 1940s en la playa con un caballero no identificado

Desde el día del cumpleaños de don Aníbal, el pasado 23 de julio, he estado recordando los dichos y expresiones de mi papá, algunos de los cuales no he oído en ningún otro lugar. Comenzando con:

-"Era tan flaco(a) pero tan flaco(a) que para hacer sombra tenía que pasar dos veces". A propósito de la foto que antecede, don Aníbal casi que tenía que pasar dos veces para hacer sombra.

También:

- "Más serio que un aguacate". Nunca he visto que un aguacate sonría, tal vez por eso lo decía.
- "¡Hijo(a) de sesenta!" Tremento insulto, no le oí decir más fuerte que eso.
- "Otro indio al palo". Uno más que muerde el polvo (!!).
- "Por si repentinamente pateo la cubeta". Por si de pronto me muero.
- "Colocho rompealmohadas". Sin comentarios (jajaja).
- "Yo mando más que un rey porque cuando un rey manda le obedecen pero yo mando y mando y nadie me hace caso". No necesita explicación.
- "Vamos a acostarnos ya porque las visitas ya tienen sueño". De una pequeña colección de anécdotas.

Y, de nuevo, a propósito de la foto, mi mamá siempre le dijo "Seco", que en buen chapín es flaco o delgado.

Texto y fotografías bajo licencia Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 3.0 Guatemala

sábado, 17 de septiembre de 2022

Las cajitas de los recuerdos de doña Ethel


 6 meses después de la partida de doña Ethel a la Guatemala del recuerdo finalmente logré reunir ánimo, tiempo y disposición de mi cuñada para revisar sus pertenencias.

Resulta que la señora era pura ratita guardona, tenía de todo tipo de cosas en todo tipo de cajitas, de metal, de cartón, de plástico... fotos, principalmente, con muchos recuerdos; documentos de mi papá y de mi hermano, y lo más interesante, su correspondencia de adolescente y joven adulta, así como sus diarios que llevó por varios años en la década de los 1950s.

Ya me tocará revisar y ordenar con tiempo todo esa plétora de recuerdos, los cuales quiero digitalizar para compartir con el resto de la familia. Pero de lo más interesante que he encontrado hasta el momento es una página del diario La Nación (ni me recordaba de ese periódico) de 1970, con un artículo sobre mi bisabuelo don Rosendo E. (Escobar) Barrios.

Don Rosendo E. Barrios con una de las marimbas fabricadas por él, alrededor de 1930.

Don Rosendo nació en 1890, hijo de don Tránsito Escobar (1860-) y doña Manuela Barrios. Don Tránsito a su vez, hijo de don Nicolás Escobar Barrios (1839-) y doña Gabriela Gálvez Rodríguez (1839-1909). Todo esto en... Tejutla, San Marcos. El pueblo de mi papá.

Así que la bulla de que mi abuelita Fidelia Eleázar y don Rosendo eran compañeros de juegos se hace realidad. En un pueblito como era Tejutla en los 1890s, esos dos niños, con un año de diferencia de edad puesto que mi abuelita nació en 1891, se tienen que haber conocido y seguramente, atendieron juntos la escuela y jugaron juntos.

Pero la trama se complica más aún. Después del análisis de ADN de 23andme.com que me hice, resulta que tengo parientes (lejanos) que son parientes por ambos lados de la familia, del lado de mi papá y del lado de mi mamá.

Así que seguiremos recordando a doña Ethel, a don Aníbal, a Santiago, a mama Oli y a mis tíos y abuelos paternos mientras seguimos en este camino de descubrimiento de las raíces de la familia. Muy amados todos ellos. Nos veremos en nuestro sueños.

Texto y fotografías bajo licencia Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 3.0 Guatemala

miércoles, 9 de marzo de 2022

Doña Ethel

 


Y partió doña Ethel a la Guatemala del recuerdo, allá donde mora mi papá, Don Aníbal, mi hermano, Santiago, mi abuelita mama Oli y tantas otras personas queridas que viven ya solo en mis memorias y las de sus familias.

Se fue de repente, sin mucho aviso y en silencio, como lo hizo mi hermano antes que ella. Y me dejó tantos recuerdos, tantas enseñanzas y tanto amor.

Desde pequeña mi mamá trabajó, ayudando a mi mama Oli con su negocio, cocinando y viendo las cosas de la casa. Ya graduada de secretaria, comenzó a trabajar fuera de la casa pero regresaba en la tarde a seguir ayudando en la cocina y en la tienda, y los fines de semana y fechas festivas a apoyar en todo lo que mama Oli hacía para vender. Así fue como ella se hizo una experta cocinera porque en la semana santa se hacían los garbanzos, las torrejas, el bacalao; en noviembre el fiambre, que era famoso el de mama Oli y en diciembre los tamales, deliciosos negros y colorados, los mejores que he comido.

Y ella siguió trabajando ya casada; cuando mi papá se quedó sin trabajo ella vendía comida y pasteles, después tuvo mucho éxito vendiendo las vajillas Melmac y siempre quiso tener su negocio. Cuando pasamos a vivir a Monte Maria abrió la tienda Monte María, y allí por màs de 25 años estuvo primero vendiendo abarrotes y luego, cuando ese negocio se redujo, comida, almuerzos y desayunos, que gustaban mucho.

Desde pequeños mi mamá nos acostumbró a hacer nuestras cosas; de esa cuenta es que los tres hemos sido muy independientes. Mi hermano Santiago aprendió mucho de cocina con ella, era un excelente cocinero y hacía una pierna de cerdo que era fenomenal; yo viviendo solo en San Pedro no paso ninguna pena por comida, se nota.

Siempre tuvo arreglada su casa y su jardín, le gustaba mucho su jardín y sus flores. Esas fueron las cosas que aprendimos de mi mamá y esas son las cosas que recordamos, de su cariño y su protección, sus indomables valores, siempre con nosotros y después con sus adorados nietos.

Y ahora, pues no me queda más que esperar que en mis sueños, cuando tenga la oportunidad de visitar esa Guatemala del recuerdo, allí esté ella esperándome, igual que me encuentro a don Aníbal de cuando en cuando. Hasta entonces mamaíta.

Texto y fotografías bajo licencia Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 3.0 Guatemala